La música aún retumbaba en sus oídos,
sentía como si la cabeza la fuese a explotar y sólo quería golpeársela hasta
que parase aquella odiosa sensación. Cerró la puerta con más fuerza de la que
quería y el portazo la hizo soltar un quejido de molestia, no quería volver a
escuchar nada en los próximos 2 días, quizás irse a una montaña perdida no
sonaba tan mal, o eso iba pensando mientras se quitaba aquellos odiosos
tacones, juraba y maldecía, eran los únicos que tenía y no se los pensaba poner
nunca más en su vida, no entendía por qué estaba mal visto llevar unas
zapatillas a una fiesta, era ilógico según ella, si vas a bailar necesitas
estar cómoda, no queriendo matar al dependiente que te dijo que eran comodísimos
con el propio tacón del zapato.
Se tiraba de cualquier manera en la cama, sabía que al día siguiente las sábanas parecería un cuadro abstracto debido al maquillaje, pero la daba igual. Hacía mucho tiempo que la empezaba a dar igual todo, al principio era divertido, la fama y la fortuna, pero según se desdibujaban sus comienzos como escritora todo empeoraba, pero no se daba cuenta, era como un veneno silencioso, como morir por congelación tras dormirse, sí, sin duda esas dos ideas representaban muy bien lo que acababa haciendo la fama, al menos lo que había hecho con ella. No es que hubiese perdido amigos, no la importaba que la parasen por la calle y de hecho seguía haciendo todas las cosas que la gustaban, entonces, ¿por qué se sentía tan mal?
Agitó un poco la cabeza tratando
de no pensar, si lo hacía acabaría pensando que todo había sido su culpa, pero
¿lo había sido?
Sus pensamientos se veían
interrumpidos cuando escuchó que se abría la puerta, se iba a levantar para
echar al borracho que cualquiera que estuviese entrando, podían ir a cualquier
lugar de la casa durante la fiesta, pero su habitación seguía siendo suya, ya
estaba dispuesta a despedirlo de una patada cuando se quedó quieta al ver a su
esposo y se volvió a tumbar como antes. Desde luego de él no podía ser la
culpa, siempre la había animado a hacer lo que quisiera y la idea de “vivir el
momento” había sido suya, aunque aún no recordaba cómo había llegado a su mente
cambiar tan deprisa en tan poco tiempo, como de tomar té y ver una película había
pasado a beber vodka, fumar marihuana e irse de fiesta toda la noche. Quizás
podría culparle de no haberla detenido, pero ella ya era mayorcita, debería
saber qué hacer y qué no, y después de todo él siempre la había llevado a casa
cuando ella no podía ni andar, nunca se había quejado de eso, salvo porque la
decía que debía cuidarse a veces, pero ella lo ignoraba diciendo que sólo sería
un tiempo, tiempo que ya eran seis meses…
Él se tumbó a su lado, de forma
que la rodeaba y daba calor, acariciaba lentamente su brazo, sólo con las yemas.
– ¿Estás bien…? Sabes que no me gusta meterme
en tu vida, amor, pero… deberías dejar esta idea que tienes de “vivir el
momento”. Puedo soportar llevarte a casa cada vez que quieras, pero no verte así,
no te engañes, sabes que no te gusta ir de fiesta cada noche, que prefieres
escribir hasta las 3:00 antes que beber hasta esa hora.
Su voz sonaba tan dulce, tan
reconfortante, que ella no podía evitar asentir, casi con ganas de llorar y
queriendo llamarse estúpida por aquella idea que había tenido, si recordase a
quién se la escuchó le mataría en ese mismo instante por tener una idea tan estúpida,
aunque seguía sin entender cómo esa idea había aflorado en su mente, ella no
era fácil de manipular.
– Te traeré algo de agua y tus pastillas para
dormir
Sin decir más se levanto y ella
se quedó sentada en el borde de la cama, se volvía a sentir algo afortunada de
tener un marido tan encantador con ella, eso se debía a que ella no era celosa
de ninguna forma, de hecho no la importaba si estaba con otra en la cama, ella
sabía que la amaba y eso era lo que la importaba, su corazón, no a quién tenga
abierta de piernas. Él volvía al poco, la tendía el vaso y las pastillas, tras
tanto tiempo con insomnio y sólo unas pastillas que lo arreglasen tragarlas no
era ningún problema y se tumbaba para dormir plácidamente, quizás el sueño fue
tan plácido que por eso no se volvió a despertar o quizás quien menos se
esperaba fue la mano que la llevó ante la muerte. La verdad era que a quien había
oído esa expresión fue a su propio marido, pero tras tanto tiempo de drogas y
alcohol ya ni lo recordaba, también porque en verdad no podía recordar haberlo
oído. Él sabía que ella no era fácil de manipular, de hecho era imposible y
ella se jactaba de ello, así pues aunque pensando que era una forma un tanto
cobarde recurrió al único momento en el que ella no podría defenderse, cuando
estaba en los brazos de Morfeo. Había oído que si alguien escuchaba algo de
noche lo podía llegar a recordar y con la ayuda de un poco de hipnosis estaba
asegurado que lo hiciese y, aún más importante, que no lo recordase. Implantar
la idea fue fácil, aunque la paciencia se agotaba cada día, él odiaba esas
estupideces de fiestas, nunca bebía ni fumaba, pero quería conservar su
libertad y que la muerte fuese creíble. Llamó a su amante, esa que tan
dócilmente su mujer aceptaba que tuviese, para decirla que estaba hecho y que podrían
retirarse en unos meses a donde quisieran, también la dijo que el plan había
ido sobre ruedas, pero mientras pensaba que tampoco recordaba dónde había
escuchado esas ideas. Estaba tan emocionado por el hecho de poder olvidarse de
su mujer y sus tonterías y a la vez tan preocupado en dónde lo había escuchado
que no oyó el cristal romperse al ser atravesado por una bala.
La amante colgó el teléfono de
prepago con el que había estado hablando y miró a su pareja, que no era sino el
amante de la ya difunta escritora de éxito que se había suicidado hacía unos
minutos. Su sonrisa los delataba a ambos, pero él, parecía un niño el día da
Navidad según vio como la otra caía al suelo desangrándose al quitarse el
cinturón que llevaba fuertemente apretado. Pese a que la policía lo tuvo como
sospechoso, pues tras seguir el hilo a todos los testamentos él se quedaba con
el dinero de su amante, del marido de la misma y de su propia pareja, jamás pisó
una comisaría, rápidamente apareció la pista de un supuesto asesino en serie
culpable de aquellos delitos, en verdad un pobre infeliz que sólo quería que
una supuesta mafia soltase a su familia… Con una copa de whiskey en su nueva
mansión celebraba su victoria, pero mientras pensaba “¿de dónde saqué este plan
tan elaborado?”
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